Comenzamos nuestro cuarto día en el Camino de Santiago (ruta portuguesa). Este día madrugamos ya que nos esperaba una caminata de más de 20 km desde Redondela hasta Pontevedra.

Este recorrido también fue bastante bonito, aunque pasa por varios tramos de carretera, lo cual supone que estropea un poco la ruta, sobre todo porque son zonas en las que tienes que ir más pendiente de los coches. Pero en general discurre casi siempre por caminos de montaña, que en ocasiones ofrece muy buenas vistas.

Este tramo no tuvo nada que ver con el del día anterior, y no solo porque eran más kilómetros, sino porque empezaba fuerte en cuanto a los desniveles, por lo que es recomendable ir bien descansados.

Al poco de salir de Redondela nos encontramos con este “monumento” repleto de vieiras. Muchas de ellas estaban firmadas. No sabemos muy bien el origen de esto, pero nos encantó y fue una pena no llevar encima un boli con el cual pudiésemos escribir en alguna de las que estaban vacías.

Como comentábamos, el camino es más o menos duro porque tiene varios desniveles, pero desde luego se disfruta mucho del paisaje, ya que se camina mucho por zonas verdes, de montaña. Nada que ver con esa parte de la segunda etapa, en la cual pasamos por una zona industrial.

La ruta atraviesa pueblos como Arcade, Cesantes o Pontesampaio (cuyo puente, con 10 arcos, es de origen romano y la estructura de la Edad Media). En este último hay que prepararse porque tras atravesarlo, para salir del pueblo hay que subir unas buenas cuestas.

Al cruzar el puente en Pontesampaio, hay que girar a la izquierda y tras caminar unos pocos metros veréis que el camino se bifurca; hay un cartel que indica que el camino continúa, de nuevo, a la izquierda. Esto lo detallamos ya que debajo de este cartel está la típica vieira, en una piedra, que parece que indica que el camino continúa a la derecha; esto nos creó confusión a nosotros, ya que en todo el camino seguíamos las indicaciones de la concha. Así que lo consultamos con un lugareño que pasaba por allí y nos confirmó que el camino era a la izquierda, donde indicaba el cartel. Así que para que no haya dudas si vais, ya lo sabéis.
Realmente va a dar al mismo sitio ambos caminos, pero si cogéis el de la derecha iréis por la carretera que atraviesa el pueblo.

El Albergue

Llegando ya a Pontevedra se nota bastante el cansancio, pero al menos el albergue público está a la entrada de la ciudad, por lo que anima mucho cuando se llega, en la Rúa Otero Pedrayo, s/n. Este albergue también está muy cerca de la estación de trenes y de autobús.

En esta ocasión nos alojamos en el albergue público, en el cual, como pasa en todos los públicos, no se puede reservar. Aunque tienen bastante espacio (con una capacidad para 80 personas), es recomendable no llegar muy tarde, sobre todo si viajáis un grupo de más de cuatro personas… correréis el riesgo de dormir separados.

El coste de este albergue es de 6 euros, y aquí no expiden la credencial, pero si ya la lleváis con vosotros si la sellan.

Se puede hacer uso de la cocina, ya que es de acceso libre, pero la lavadora y secadora son de pago. Al lado de la cocina hay un espacio con varias mesas muy alargadas donde poder comer. Además, en ese mismo espacio, en una pared veréis que hay disponibles muchos enchufes, lo cual viene genial para poder cargar el móvil o cualquier aparato electrónico que llevéis. Otro aspecto bueno que tiene el albergue es que dispone de una zona con césped, donde también hay unas cuerdas para tender la ropa. La mayoría de los peregrinos que coincidimos allí aprovechamos el sol de la tarde para estar al aire libre tumbados y descansando.

A pesar de que la mayoría de los peregrinos al llegar al destino se quedan en el albergue para descansar hasta el día siguiente, nosotros nos dedicábamos a hacer un poco de turismo por la ciudad paseando por sus calles.