En esta ocasión hicimos una escapada a Huesca, con el propósito de ir al Valle de Ordesa, llegar al refugio de Goriz y acampar una noche. Para ello el viernes llegamos a Oliván, un pueblo con mucho encanto y acogedor, del cual podéis leer más acerca de él en este otro post: Oliván y Susín, para desconectar.

Desde Torla

Para llegar hasta la pradera de Ordesa en temporada baja se puede ir con el coche hasta allí, pero en temporada alta (verano y puentes) solo se puede llegar hasta Torla desde donde salen autobúses cada 15 minutos para ir a la pradera, punto desde el que se comienza la caminata. Aunque también son muchos los que deciden subir hasta la pradera andando.
Nosotros no sabíamos que en el puente de El Pilar no se podía acceder con el coche hasta la pradera, por lo que cuando llegamos a Torla vimos una fila bastante grande para comprar los billetes y coger el autobús. De haber sabido esto hubiésemos madrugado un poco más.
Nos despertamos a las 07:00 de la mañana, en Oliván, y salimos de ahí hacia Torla sobre las 09:00 de la mañana (se tarda unos 40 minutos). Con todo el contratiempo de tener que coger el autobús llegamos al final a la pradera a las 12:00.
Para los que queráis ir con perros, no os preocupéis si no os dejan acceder con el coche, ya que en todos los autobuses disponen de 2 transportines. Nosotros íbamos con dos perras y no tuvimos ningún problema en llevarlas. A tener en cuenta que también hay que coger billete para los perros y sale más económico si se coge ida y vuelta.

De la Pradera de Ordesa al Refugio de Goriz

Una vez en la pradera se pueden hacer varias rutas. Nosotros, como ya hemos comentado, queríamos llegar hasta el Refugio de Goriz, al cual se puede ir a través de dos caminos: La senda de los Cazadores o la GR-11 hacia Cola de Caballo.
En nuestro caso escogimos la segunda opción, ya que pasa por varias cascadas que merece la pena ver. El camino son unos 13 kilómetros aproximadamente y empieza bastante fácil para continuar por unas subidas que tampoco son demasiado duras. Es en esta parte del camino donde comienzan las cascadas y para ver algunas de ellas hay que desviarse un poco del camino, pero no mucho.

Es sin duda una ruta espectacular para disfrutar de su variedad de cascadas. Nosotros paramos un rato en la mayoría de ellas, y especialmente luego en la la cascada de Soaso (que está más o menos a mitad de camino) y en la de Cola de Caballo; punto donde converge la ruta de la Senda de los Cazadores. En este punto también hay mucha gente que regresa a la Pradera. Por lo que es una ruta muy agradable de hacer en un día.

En la Cola de Caballo aprovechamos para hacer una parada antes de emprender la subida hacia el refugio de Goriz, al cual se puede acceder de dos maneras, subiendo por un camino que va serpenteando, nosotros optamos por este ya que nos acompañaban nuestras perras. Unos bastones de montaña para esta parte son de mucha ayuda en este tramo.

Hay que destacar que hay varias fuentes naturales, por lo que podéis parar a rellenar las cantimploras. A pesar de que esta primera subida desde cola de caballo es algo cansada, luego se allana bastante el terreno, y eso se agradece mucho, aunque pasado unos kilómetros vuelve a complicarse, y si no te lo esperas (como era nuestro caso) es más agotador… Empezamos a subir entre rocas, no hay que escalar, pero sí ayudarse de las manos para subir, sobre todo si llevas a la espalda una mochila con tienda de campaña y comida.

Para que veáis el tipo de camino que hay que ir atravesando para conseguir llegar al refugio, aquí a la derecha os dejamos un ejemplo.

Tras pasar este tramo de rocas ya empezamos a ver más cerca el refugio, algo bastante motivador, junto con tramos del camino bastante regulares que se agradecen bastante. Aunque teníamos muchas granas de llegar hacíamos varias paradas para reponer fuerzas y no forzar el cuerpo demasiado, ya que puedes hacerte daño.

Si vais a dormir en el refugio recomendamos llevar una mochila bastante ligera, ya que allí dan servicio de comida, cena y desayuno. En nuestro caso llevábamos la cena y el desayuno del día siguiente porque íbamos con dos perros y no están permitidos dentro del refugio. Pero si vais sin mascotas, ya sabéis, lo mejor es ir lo más ligero posible.

Una vez llegamos al refugio buscamos inmediatamente un sitio donde poner nuestras dos tiendas de campaña para que no tuviésemos que montarlas de noche. Como dormíamos fuera íbamos equipados con un camping gas, comida de lata y sopas. Esto nos dio muchas fuerzas y nos hizo entrar en calor, ya que al anochecer se notaba que refrescaba bastante y la comida caliente se agradecía bastante. Despues de cenar lo mejor es disfrutar del cielo estrellado, siempre y cuando esté despejado. Si es así, os aseguro que es precioso y merece la pena.

Hay mucha gente que tras dormir en el Refugio decide subir al día siguiente a Monte Perdido, por lo que la ruta continúa, si tenéis fuerzas. También hay quien sube a monte perdido directamente y luego regresan al refugio para hacer noche. Nosotros no continuamos, pero volveremos para hacer esa subida a Monte Perdido.

A la día siguiente teníamos que desmontar las tiendas por la mañana, ya que la acampada está permitida desde las 20:00 hasta el amanecer. Así que nos despertamos, cogimos fuerzas con el desayuno y emprendimos el descenso, que fue bastante más fácil.

Este tipo de bajadas suele ser peor para las articulaciones, especialmente para las rodillas que sufren bastante, pero se hace más llevadero y es mucho menos cansado. Por lo que hicimos el mismo recorrido del día anterior a la inversa y llegamos a la pradera de nuevo, donde los autobuses salen cada 15 minutos aproximadamente.